Es el préstamo hipotecario que financia un inmueble para tu actividad: un local comercial, una oficina, una nave industrial o incluso un solar o una finca en explotación. El titular no es un particular, sino una sociedad o un profesional con actividad. Y las reglas cambian: financiación de hasta el 60-70 % del menor entre precio y tasación, plazos de 15-20 años y tipos algo más altos que en vivienda.
Hay un matiz que casi nadie cuenta: las protecciones de la Ley 5/2019 —el banco paga los gastos, las comisiones están limitadas— aplican a consumidores, no a empresas. En una hipoteca empresarial los gastos corren de tu cuenta y todo es negociable: tipo, comisiones, avales, carencia. Por eso aquí, más que en ningún otro producto, negociar bien vale dinero.
No mira nóminas: mira el negocio. Cuentas anuales de los últimos 2-3 ejercicios, impuestos al día (Sociedades, IVA), la posición en CIRBE y el pool bancario, la antigüedad de la actividad y la lógica de la compra. Y prepárate para una petición muy habitual: avales personales de los socios. Se pueden negociar —su alcance, su duración, su liberación— y es una de las batallas donde más te defendemos.