También llamada reunificación: consiste en cancelar tus préstamos y tarjetas —el coche, el personal, la revolving— y agruparlos en una hipoteca nueva o ampliada sobre tu vivienda. El resultado es una única cuota mensual, casi siempre mucho más baja que la suma de todas las anteriores.
¿Por qué baja tanto? Por dos motivos que conviene entender: pasas de pagar el 8-24 % de interés de préstamos personales y tarjetas al tipo hipotecario, y alargas el plazo de devolución. Para hacerla necesitas que tu vivienda tenga valor libre: la deuda total no debería superar el 70-80 % de la tasación, tus ingresos deben ser estables y se agrupan todas las deudas, no las que elijas.
La decimos entera. Uno: pagar menos al mes no es pagar menos; al alargar el plazo, los intereses totales suelen subir. Compras aire y tiempo, no un descuento. Dos: tu vivienda pasa a responder de deudas que antes no la tocaban; si dejas de pagar, está en juego tu casa. Tres: la operación tiene gastos (cancelaciones anticipadas, tasación, notaría, registro, gestoría). Consolidar compensa en casos concretos; si el tuyo no lo es, te lo diremos aunque signifique que no hay operación.