Es el préstamo que financia una vivienda que no será tu residencia habitual: la casa de la playa, la del pueblo o un piso para uso propio parte del año. El banco la trata con otras reglas: financia entre el 60 % y el 70 % del menor entre precio y tasación (frente al 80 % de la habitual), acorta el plazo a 20-25 años y aplica un tipo algo superior.
¿Por qué tanta cautela? Porque el banco sabe que, si vienen mal dadas, la cuota que se deja de pagar primero es la de la segunda casa. Por eso también mira con lupa que puedas con las dos cuotas a la vez: la de tu vivienda habitual más la nueva no deberían superar el 35 % de tus ingresos netos.
Prepara entre el 30 % y el 40 % del precio más un 10-12 % de impuestos y gastos: en la práctica, cerca de la mitad del valor en ahorro. Hay una palanca que puede mejorar el porcentaje: si tu primera vivienda está pagada o casi, aportarla como garantía adicional permite a algunos bancos financiar más. Funciona, pero pone las dos viviendas a responder del préstamo, y eso hay que decidirlo con los ojos abiertos.