Es la que financia el total del precio o del valor de tasación, sin que aportes la entrada del 20 % que el banco pide por defecto. No es un producto de catálogo: es una excepción que se concede cuando hay algo que compensa el riesgo extra que asume la entidad.
Ese «algo» suele ser una de estas cuatro palancas: un aval público como el de los jóvenes, una segunda vivienda en garantía, un perfil especialmente solvente o un inmueble propiedad del propio banco. Sin una de ellas, el 100 % rara vez sale adelante.
Aquí está la letra pequeña que casi nadie te cuenta: el 100 % se calcula sobre el menor de dos valores, el precio de compra o la tasación. Y no cubre los impuestos ni los gastos, que rondan el 10-12 % del precio. Aunque te concedan el 100 %, vas a necesitar ahorro.