Una hipoteca fija es un préstamo en el que el tipo de interés se mantiene constante durante toda la vida del préstamo. Pagas la misma cuota cada mes —desde la primera hasta la última— y el Euríbor no puede alterarla.
Es la opción más pedida en España precisamente por eso: previsibilidad total. Sabes hoy lo que pagarás dentro de quince, veinte o treinta años, así que puedes planificar tu vida sin que un cambio en los tipos de interés te descuadre el presupuesto.
En una hipoteca variable, el interés se compone de un diferencial fijo más el Euríbor, que se revisa cada seis o doce meses. Si el Euríbor sube, tu cuota sube; si baja, baja. En una hipoteca fija, ese riesgo no existe: el banco asume la incertidumbre del mercado y tú pagas siempre lo mismo. Esa tranquilidad es justo lo que estás contratando.