Una hipoteca mixta es un préstamo con dos tramos: durante los primeros años pagas un tipo fijo con cuota estable y, cuando ese periodo termina, el resto del plazo funciona como una variable, con el Euríbor más un diferencial.
Su atractivo está en el arranque: el tipo del tramo fijo suele ser más bajo que el de una fija pura, porque el banco solo te garantiza el precio unos años, no toda la vida del préstamo. Consigues certeza justo cuando más la necesitas, a cambio de asumir el mercado más adelante.
La fija te da certeza durante todo el plazo a cambio de un tipo algo más alto. La variable arranca más barata, pero tu cuota se mueve con el Euríbor desde el primer día. La mixta reparte el juego: certeza total al principio y mercado después. Es la opción intermedia, con lo bueno y lo menos bueno de serlo.