Una hipoteca variable es un préstamo en el que el interés se compone de un diferencial fijo más el Euríbor, el índice de referencia del mercado europeo. Tu cuota se recalcula cada seis o doce meses: si el Euríbor sube, pagas más; si baja, pagas menos.
Su gran atractivo es el tipo de arranque más bajo: empiezas pagando menos que con una fija equivalente. A cambio, asumes que tu cuota se moverá con el mercado durante toda la vida del préstamo.
En una hipoteca fija, el tipo de interés queda cerrado el día de la firma y tu cuota no cambia nunca: el banco asume el riesgo del mercado. En una hipoteca variable, ese riesgo lo asumes tú a cambio de arrancar más abajo y de beneficiarte de cada bajada del Euríbor. Es un intercambio: precio inicial por certeza.